lunes, 12 de julio de 2010

Expectación.

Me encontraba sentada esperando. Era un sillón hermoso y muy mullido, de color verde. Y cuando digo verde es verde intenso de terciopelo. Era muy antiguo y extraño. Las patas tenían talladas las extremidades de un león: cada garra estaba perfectamente diferenciada, cada detalle impecablemente labrado. Extraño, era extraño, pero cómodo. Aunque en realidad me paré rápidamente.
Estaba parada esperando. La madera oscura recién encerada brillaba y emanaba un fuerte olor. El piso añejo rechinaba con cada movimiento. Yo no podía estar quieta. Entonces caminaba… caminaba un trayecto que se me hacía interminable. Lo recorrí ida y vuelta una cantidad incontable de veces: Llegaba hasta el fondo del pasillo donde había una ventana.
Miraba unos segundos al exterior, giraba sobre mi misma y caminaba hacia el otro extremo. Allí había una puerta imponente con vidrios biselados y herrajes de lustroso bronce. Una cortina de raso púrpura tapaba lo que había del otro lado. No me animaba siquiera a asomarme.
Pensaba mientras caminaba. Pero no quería pensar en eso. Entonces pensaba en otra cosa.
Afuera estaba nublado y parecía que el sol nunca saldría. Una humedad terrible corroía mis huesos. Pensaba en la suerte que yo había tenido al evitar el tránsito. Pero para eso había salido demasiado temprano de casa. No por otra razón. No. Pensaba que unas horas antes todavía había sol.
Entonces seguía pensando. A veces me desviaba del curso de mi reflexión trivial pero volvía rápido a la tormenta que se aproximaba. Me exigía a hacerlo.
Seguía caminando por el pasillo, la madera rechinaba y no podía disfrutar del cómodo sillón.
Cada vez que llegaba a la puerta quería entrar. Cada vez que llegaba a la ventana quería me quería ir. Estaba esperando. Pensando. Escuchando.
Escuchaba las bocinas de los autos en el exterior por sobre el tumulto de la calle…Escuché un clic metálico, y el crujido que hacen los picaportes viejos al abrirse. Ese picaporte. Y la luz cálida de la habitación contigua penetró en el pasillo.
Carla Gala Gilitchensky.

1 comentario:

  1. Según la manera de análisis de un cuento según la perspectiva de Sontag, primero debemos analizar la forma para no hacer falsas interpretaciones. El relato, es narrado en primera persona del singular, con oraciones cortas generando un texto breve. El vocabulario utilizado por la escritora es de uso cotidiano pero a su vez es correcto (no hay uso del lunfardo ni un vocabulario técnico). Debido a la escasez de acciones, el texto se torna descriptivo generando en el lector ansiedad y necesidad de saber que es lo que está ocurriendo o va a ocurrirle a la protagonista. Posee un final abierto.
    Como se trata de un texto principalmente descriptivo, la escritora utilizó varios efectos de realidad, descripciones innecesarias que crean ilusión para que el lector se sienta inmerso en la realidad. “Las patas tenían talladas las extremidades de un león: cada garra estaba perfectamente diferenciada, cada detalle impecablemente labrado”; “La madera oscura recién encerada brillaba y emanaba un fuerte olor. El piso añejo rechinaba con cada movimiento”; “…con vidrios biselados y herrajes de lustroso bronce…”; “…que hacen los picaportes viejos al abrirse.”
    Este cuento al ser un cuento moderno contiene una historia evidente y una subyacente, como lo afirma Piglia. En este caso, la historia principal se trata de una mujer que está esperando, nerviosa, ansiosa, hiperactiva (camina constantemente, va y vuelve). Existe una historia evidente pero, la historia subyacente es secreta: no hay indicios para que el lector determine qué es lo que la mujer está esperando, ni dónde se encuentra. El final es abierto, por lo que cada lector puede interpretarlo de diversas maneras, estableciendo de qué se trata la espera.
    La teoría del iceberg de Hemingway explica que lo más importante del cuento nunca se revela. La brevedad del relato incita al lector a realizar sus propias interpretaciones.
    Al querer encontrarle un símbolo a este relato, se nos hace dificultoso. Según nuestra experiencia a partir de la escritura del relato “Ese olor peculiar”, entendemos como símbolo a un objeto, palabra, color que está “en lugar de” otra cosa, que la representa. En este caso, no detectamos algo que cumpla con ese rol, pero sí la idea del “camino” presente en el relato.

    González Rocío y Roche Natalia

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