miércoles, 14 de julio de 2010

Frío metal

El sólo hecho de ganar me llenaba de placer. Exacerbado por este sentimiento tomé los guantes que se encontraban en la mesada, pero mi torpeza era tal en ese momento que dejé caer el resto del instrumental al suelo. El sonido del metal vibró por toda la sala. Maldiciendo por lo bajo comencé a juntar los vidrios rotos que antes conformaban uno de los frascos, algunos de los cuales penetraron en mi carne. El frío era intolerable, sin embargo mi sudor se acrecentaba a cada momento. La habitación estaba prácticamente vacía, los muros corroídos por el tiempo contaban ya con pocos azulejos, los cuales estaban tiznados de un gris opaco que ensombrecía aún más la lúgubre cámara. El suelo aún no estaba terminado, se podía sentir lo áspero del contra-piso y los pequeños segmentos de piedra que sobresalían del mismo, entre aquellos trozos el moho se alojaba, los rincones de la sala eran imperceptibles, inundados en una eterna oscuridad.

Me deslicé hacia la silla que se encontraba vacía, la luz era escasa pero mis ojos ya se habían adaptado a la falta de iluminación. Percibí un leve escalofrío que recorrió su cuerpo, el olor a cloroformo había desaparecido. Ni bien mi cuerpo entró en contacto con la silla, logré relajarme. Sentí que me encontraba a gusto sobre aquel formato de frío metal, que mi respiración tomaba un curso normal y que mis manos dejaban de temblar. Decidí que era hora de comenzar.

Con la punta del cuchillo rasgué, como un artista da una pincelada en su obra, su ojo. Lentamente, la punta del metal lo despojaba de su retina, la mirada se le desorbitaba de dolor, pero pronto le di motivos para que dejase de pensar en ello. Nuestra sangre se mezclaba, formando pequeños canales por entre las baldosas. Mis heridas no eran profundas, pero comenzaban a molestarme. Le di una puntada en la rodilla girando el cuchillo con énfasis. La mordaza dejó de funcionar por unos breves segundos, en los cuales el grito ahogado resonó hasta los últimos rincones. Rápidamente ajusté el nudo de la atadura, y como castigo deslicé suavemente la navaja por su tendón, las veces suficientes para que su pie siga asociado a su cuerpo sólo por un pequeño trozo de carne y piel.

Los líquidos que fluían del sujeto eran demasiados, la orina y el sudor me dieron repulsión. Su respiración era algo entrecortada, y ya no realizaba ningún esfuerzo por desatarse. Un sentimiento de desilusión invadió mi alma cuando sus miembros dejaron de contraerse, el latir de su corazón era prácticamente imperceptible. Una furia incontenible me obligó a dar un último golpe de gracia, sin embargo, instantáneamente me sentí arrepentido, recordé lo difícil que me había resultado llegar hasta el último nivel del juego. Pocas esperanzas había tenido de ganar, pero lo intenté seducido por la idea de obtener un premio como aquél. Perpetuaba en mi memoria el rostro del conductor del programa. Una sonrisa falsa, unas miradas con su asistente, sorprendidos, indudablemente, por su derrota.

Mis pensamientos se vieron interrumpidos cuando un hombre de baja estatura ingresó en la sala. Se acercó lentamente, arrastrando consigo implementos de limpieza.

-Disculpe señor, ¿ya puedo retirar los restos?- Preguntó con voz áspera.

Decepcionado, no atiné a contestarle.

1 comentario:

  1. Análisis de “ Frío metal” por Roldán Pilar y Romero Macarena.

    Este cuento está narrado en primera persona del singular, en donde se puede apreciar lo estético a través de la apreciación de los espacios. Además podemos llegar a interpretar una crítica social negativa, basada en el efecto que causan los show televisivos y como influye sobre la población.
    En “Frío metal” desciframos la simbología del elemento “metal” como una representación de la frialdad del personaje que participa del programa y como actúa en él, así como el clima que los autores crean en el texto. Los mismos utilizan el siguiente y único fragmente para crear un efecto de realidad:

    “El suelo aún no estaba terminado, se podía sentir lo áspero del contra-piso y los pequeños segmentos de piedra que sobresalían del mismo, entre aquellos trozos el moho se alojaba, los rincones de la sala eran imperceptibles, inundados en una eterna oscuridad.”

    La historia evidente es el ensañamiento del protagonista sobre otra persona a la cual tortura hasta matar. Por otro lado, la historia subyacente es el modo por el cual el protagonista obtuvo el premio, el cual es otra persona y la libertad de hacer con ella lo que desee.

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