lunes, 12 de julio de 2010

Tormentas efímeras

Eugenia miraba el reloj en la pared, miraba la cara de Horacio y esperaba que hablara. El silencio se hacía insoportable y la tensión en el aire tornaba todo más intenso. El reloj parecía detenido, los segundos pasaban muy lentamente, parecía que ellos también esperaban algo. Eugenia increpó nuevamente a Horacio:

-¿No me vas a responder?

Horacio seguía callado, tenía la mirada perdida, los ojos en otro lado, la mente más allá. Estaba ausente y se sentía fuera de lugar, y de todas las acusaciones que Eugenia le tiraba encima. Eugenia se levantó de la silla, fue hasta la cocina, sirvió un vaso de agua, lo tomó parada frente a la canilla abierta, enjuagó el vaso y cerró la canilla.

-No se puede discutir con vos, es siempre lo mismo...

Horacio seguía con la vista en otro lado, ahora miraba la ventana. El sol de la tarde estaba siendo amenazado por unas nubes cargadas de lluvia y truenos. Se movían rápido e iban oscureciendo todo. Horacio pensó en lo último que Eugenia le había dicho, estaba por contestar, cuando Eugenia empezó a hablar de nuevo.

-Ya estoy cansada, es siempre igual con vos, nunca decís nada, siempre dejás que todo te pase por encima. Todo te resbala, te da exactamente lo mismo que esté acá o no. Es imposible tener una relación seria con una persona como vos.

Horacio miró a Eugenia por primera vez en la tarde. Vio cómo acomodaba su pelo, cómo agarraba su ropa y la ponía en la mochila, cómo hurgaba entre los cd's y separaba los que eran de ella. A sus espaldas las nubes ya lo tapaban todo, y el viento se había detenido. Le dieron muchas ganas de hablarle a Eugenia, de decirle todo lo que sentía, pero las últimas discusiones no habían resultado bien, y Horacio ya estaba cansado de discutir, cansado de pelear siempre por lo mismo, por eso se llamaba al silencio.

De a poco empezó a llover: primero unas gotas pequeñas imperceptibles, después unos truenos abrieron paso a gotas más grandes y ruidosas. La lluvia. Eugenia terminó de acomodar sus cosas sobre el sillón, tenía los cd's, los libros, la mochila con su ropa. Todo listo para despedirse:

- ¿Se puede saber qué estás mirando? - dijo Eugenia.- siempre en otro lado vos, ¡no cambiás más!

Horacio no dijo nada, seguía ausente y ahora las gotas de lluvia se llevaban su atención. Se levantó de la silla, fue hasta la ventana y dijo:

- ¿Te molestaría quedarte hoy?

Eugenia se acercó y lo abrazó. Afuera la lluvia dejó de caer, el viento comenzó a correr nuevamente y el sol de la tarde empezaba a secar el piso. Sólo había sido una lluvia pasajera. Como siempre.


Lucía Delfino


1 comentario:

  1. En cuanto a la valoración de la forma, nos parece que utiliza mucho las
    descripciones del espacio y de lo que están haciendo o pensando los personajes, para generar un clima de espera, una respuesta por parte de Horacio. Asimismo, intercala con pequeños diálogos de Eugenia que contribuyen a generar en el lector esa tensión de su relación, y esa intriga de saber qué pasará.
    A lo largo del texto, se puede encontrar una simbología entre las condiciones climáticas y los diferentes momentos de la pelea entre los protagonistas. Es decir que ambas cosas se relacionan directamente. Por ejemplo cuando dice: “El sol de la tarde estaba siendo amenazado por unas nubes cargadas de lluvia y truenos. Se movían rápido e iban oscureciendo todo.” Aquí se hace alusión a que la pareja se acerca a una situación de crisis o pelea.
    La historia evidente es la pelea actual, relacionada simbólicamente con la descripción del clima, y la historia subyacente es que esta situación no es novedosa, sino que vuelve a repetirse, teniendo siempre el mismo final: una reconciliación entre ambos. Ésta es expresada en el texto a través de pequeños fragmentos y con mayor claridad en el final del mismo, cuando a través nuevamente de la simbología expresa: “Sólo había sido una lluvia pasajera. Como siempre.”
    El efecto de realidad solamente lo podemos encontrar en un fragmento del principio cuando la mujer se va a servir un vaso de agua. Ahí, se observa un excesivo e innecesario detalle de todos los movimientos de ella. “lo tomó parada frente a la canilla abierta, enjuagó el vaso y cerró la canilla.”. El hecho narrado podría haberse comprendido perfectamente sin toda esa descripción.

    Lucrecia y catalina

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